Cuestión de gustos

Tomate, nuestra relación siempre fue complicada. Desde ese día, en mi infancia, en que me engañaste haciéndote pasar por gelatina de frutilla nada fue igual. A partir de entonces no te pude tener cerca. Te evité por todos los medios posibles. Aun cuando vos no hacías otra cosa que camuflarte en mi comida, yo me tomé el trabajo de descubrirte y sacarte de mi plato.

¿Te creés muy especial? Una fruta que que se junta con verduras, que rebelde. Absolutamente todos me ofrecen ensalada de tomate, no importa cuantas veces diga que no. “Tenés que aprender a comer de todo” ¿Por qué? ¿No estamos en un país libre, con derechos, que promueve la tolerancia?

Yo no tengo problema con el brocoli, la espinaca, el hígado, hasta puedo aceptar a la cebolla. Pero me niego rotundamente a comer tomate.

Sé que tenemos que llegar a un acuerdo, el rencor no le hace bien a nadie.

Aunque todavía no hacemos las pases formalmente, estoy dispuesta a tolerarte en alguna salsa. Eso si, super ultra aplastado.

No se adonde irá nuestra relación, estás muy lejos de formar parte de mi hamburguesa. En fin, te deseo buena suerte y tal vez nos encontremos en alguna ensalada o tarta (sé que sos un camuflador profesional).

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