Adopta una autora: Mariposas griegas

 

 

Imagen de cubierta: El abrazo (detalle), Santiago Carbonell

Loza Cristina, 2012, Mariposas griegas, Emecé, Buenos Aires.

 

Cristina Loza

Biografía: Nació en Córdoba y reside allí actualmente. Es egresada de la Universidad Nacional de Córdoba. Coordina El Club de la Cicatriz, taller de escritura como resilencia para quienes necesitan sobreponerse a traumas y heridas emocionales.

 

“Soy una mujer que escribe-afirma-;soy una mujer que se escribe a sí misma. Escribir, corregir, tachar y volver a escribir, ¿acaso eso no es la vida?”

 

Contratapa

 

“Una mujer sentada al borde de la cama de su marido enfermo rememora momentos felices. Antonia vela por su hombre día y noche, mientras-como una Sherezade moderna en su intento por distraer a la muerte-le cuenta en voz alta las horas de pasión compartidas, con el secreto anhelo de que se las lleve grabadas en la memoria del alma.”

 

Opinión personal

 

La imagen de la portada es un hombre y una mujer fundiéndose en un abrazo. Se ve la espalda desnuda de ella, mientras él la rodea fuertemente con sus brazos y hunde sus manos en su piel tratando de abarcar algo inabarcable. Su rostro descansa en la suave curva del cuello de la mujer. Esta hermosa imagen me transmite pasión y tristeza por igual. Un abrazo desesperado, que intenta en vano hacer eterno el tiempo compartido. Enlazar furiosamente los brazos y por un segundo sentir que se le puede ganar a las tempestades de la vida.

 

“Dicen que los amores intensos se atan en el cielo, pero el nuestro, nacido del infierno de nuestras vidas equivocadas, errantes, nos sumió en el magnifico paraíso. Ése que inventa la melancolía y la tristeza, y que nace como extraño ser, una serpiente alada, porque podíamos elevarnos a celestiales percepciones o hundirnos en el hediondo fango de las miserias.”(22)

 

Pero en realidad somos frágiles, mucho más de lo que queremos admitir. Tan frágiles y efímeros como una delicada mariposa volando en un jardín. La mariposa griega se refiere al alma que abandona el cuerpo del moribundo en el último suspiro. No se refiere a la muerte como un final sino como una transformación. Al igual que la oruga construye su crisálida para luego de una metamorfosis convertirse en un nuevo ser, la muerte es un proceso doloroso que nos aterra, pero también, en la novela, se insinúa como una nueva etapa.

 

Antonia, una mujer bella, apasionada y de gran carácter, acompaña a su esposo Rafael por el largo y doloroso camino de enfrentar al cáncer. Cada día, ella le relata anécdotas apasionadas de su amor, de su vida juntos, momentos de alegría y ternura. Es su manera de salvarlo a él y a ella misma del sombrío presente. Poder demostrarle lo valioso que es y seguirá siendo para ella. Poder resignificar el dolor.

 

Se narran dos historias entrecruzadas. Una la del pasado, la del amor y la pasión. De la convivencia y los conflictos de dos personas que se aman demasiado. La otra es el presente, la realidad cruda. Cuidar al enfermo y al amado, tratar de luchar con la enfermedad que se adueña del cuerpo, tratar de dar alivio. Tener que despedirse y desprenderse, decir adiós (o hasta pronto) y  sentir que los “para siempre” son más deseos que promesas.

 

“Pero “siempre” es una palabra pomposa, hecha de nudos mentirosos, cuerdas imponentes, fuertes, que, de pronto, se desarman en hilachas de viento, nada, un suspiro interminable, los recuerdos intentan apresarla, anudar el pasado y el presente con un futuro que se desvanece, abortado a pura realidad. La puta realidad.”(18)

 

Supongo que la vida es así, hermosa y cruel al mismo tiempo.

 

Esta es una historia no para leer, sino para vivir, emocionarse, sentirla en carne propia, reír, llorar, sentir impotencia y bronca. Entender que la vida muchas veces no es lo que planeamos y el desafío más grande que tenemos es saber vivirla y disfrutarla a pesar de todo.

 

Este post forma parte del proyecto Adopta una autora

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