Gemelas idénticas

Esta es una anécdota de las tantas que me ocurren cuando salgo de mi casa y doy vueltas por la ciudad. Ya estoy acostumbrado a que situaciones totalmente descabelladas llenen mi vida, pero lo que voy a contarles me sorprendió tanto como si un desconocido hubiera salido de la nada y me hubiera dado una cachetada, para luego irse simplemente por donde llegó. En fin, la historia comienza en un día cualquiera, una mañana cualquiera en que me dirigía hacia la facultad en el colectivo de siempre. Hasta acá todo rutinario y ordinario, como dicen que la vida es. Pero sucedió un encuentro inesperado que haría más interesante mi día.

 

Se subieron al colectivo y llamaron la atención enseguida, por lo menos la mía. Eran dos hermanas gemelas que no tenían saldo en la tarjeta y preguntaban si alguien podía venderles dos boletos. Les presté mi tarjeta sin dejar de mirarlas.

 

Las dos tenían un estilo muy peculiar. Una tenía rapado los costados de la cabeza y le quedaba una franja de pelo largo en el medio que llevaba atado, con las puntas de color azul. La otra tenía rapado sólo uno de los costados y el resto del pelo le caía suelto sobre el hombro derecho, con mechas de distintos colores azul, rojo, verde, como si la hubieran atacado con bombas de pintura. La primera tenía un vestido negro con flores doradas, botas de cuero y un colgante con la figura de un dragón. La segunda tenía un pantalón azul y una remera en tonos naranja, como un atardecer, con los hombros descubiertos y tatuados como si una lluvia de estrellas cayeran sobre ella. El aspecto de estas chicas era interesante, pero no resultó ser eso lo más extraño.

 

Me devolvieron la tarjeta y se sentaron a dos asientos por delante de mi. Hablaban en silencio, murmurando apenas, solo se adivinaba un mínimo movimiento de labios. Yo intentaba escucharlas pero no podía. A veces parecía que ni siquiera hablaban. Una le hacía un gesto con los ojos y la otra asentía levemente. Era como si las palabras estuvieran de más entre ellas. Cada una parecía la extensión de la otra, como un mismo ser repartido entre dos cuerpos.

 

Dos cuerpos con los mismos pensamientos y sentimientos. ¿Podrá existir algo así? Ser una sola entidad y a la vez dos cosas diferentes. Entre mis divagaciones se me ocurrió que tal vez existiera una raza extraterrestre que fuera así, como seres dobles. Y tal vez podrían ser inmateriales o capaces de ocupar cuerpos ajenos, pero que entre ellos tuvieran una relación genética cercana, como los gemelos. Quizás estos seres no tenían cuerpo propio y necesitaban instalarse en otros como si fueran parásitos. Vagarían por el universo buscando envases donde hospedarse. Entonces podrían infiltrarse entre los humanos sin que nadie sospechara nada, para poder estudiarnos y planear una futura invasión. En el preciso instante en que yo formulaba ese pensamiento las gemelas, sentadas en frente mio, se dieron vuelta como si hubieran escuchado sus nombres y me miraron fijamente. No tenían una expresión amenazadora, por el contrario, sus rostros estaban completamente vacíos de cualquier emoción , y fue eso lo que más me asustó. El colectivo frenó y las dos chicas se levantaron automáticamente de sus asientos y se bajaron.

 

Mientras las miraba alejarse por la ventilla de mi asiento me dije a mi mismo: tendría que haber adivinado que los extraterrestres pueden leer la mente.

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