Ojos rasgados

Ayer iba en el colectivo mirando por la ventanilla y vi a una mujer de rasgos asiáticos esperando en la parada. Era joven, de pelo negro y corto, bastante delgada y de piel blanca. Usaba unos lentes negros grandes. Su cara era de rasgos finos y delicados. Tenia una expresión que todavía no termino de entender, algo así como tristeza o melancolía. Miraba y parecía que la vida se le perdía en algún lugar lejano.


Tenia un saco gris y un pañuelo rosa alrededor del cuello. Hundía la nariz en el pañuelo intentando protegerse del frío de aquel día. Golpeó suavemente su paraguas negro contra un árbol para que cayeran las gotitas de lluvia. Toda la semana había estado lloviendo.


El colectivo arrancó y su imagen desapareció en un segundo. No sé porque me había llamado tanto la atención. Creo que fue por su mirada que fin de cuentas se parece a la mía. Me gustan las personas que cuentan historias con sus ojos. Y esa mujer me estaba contando una historia muy antigua y lejana.


Curiosamente volví a encontrármela la semana siguiente. La situación fue muy parecida, inversa mejor dicho. En el siguiente encuentro estaba yo esperando en la parada cuando frenó un colectivo en frente mio. Me sorprendí cuando vi que en el ultimo asiento contra la ventanilla estaba esa misma mujer.


Por un instante quise saludarla, pero no tenía sentido, no nos conocíamos.


Esta vez pude verla más de cerca. Tenía labios finos y daban la sensación de estar a punto de decir algo. Miró distraída el reloj de su muñeca derecha durante unos segundos.


Yo la estaba mirando tan fijo que pensé que iba a devolverme la mirada, pero como dije antes, su atención parecía estar muy lejos. Sospecho que aunque miraba hacia afuera en realidad no estaba viendo la plaza donde coincidíamos por segunda vez.


El colectivo se fue y yo me quedé en el mismo lugar dándole vueltas a mis pensamientos. Me di cuenta que yo también miro sin mirar. Porque no miro lo que es sino lo que podría ser. Me la paso buscando personajes e historias que pueda atrapar en mi cuaderno. Tal vez algún día escriba un cuento sobre una mujer asiática cargada de recuerdos y distancias. Y tal vez, en algún lugar, alguien escriba sobre una chica curiosa que lo espía desde la ventanilla de un colectivo.

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